sábado, 19 de marzo de 2011

Guerra y Paz


En este momento perdido me hallo en mitad del ejército ruso. Noche cerrada, acabo de salir de un consejo de guerra donde generales adormilados han repasado con desgana los detalles de la batalla que tendrá lugar mañana. Ya es tarde para cambiar nada, ya es tarde para nuevas ideas. Todo está decidido. Napoleón al otro bando, parece debilitado, parece que huye.

Camino por el campamento. Medito. Recuerdo los salones de los esplendorosos palacios por los que he paseado hasta ahora. Las conversaciones banales y las intrigas, y luego las campañas que estoy soportando estoicamente. Aún no puedo valorar. Aún estoy abriéndome camino, con no poco esfuerzo, como el soldado de la escena, por el agotador camino que constituye este mastodonte que es "Guerra y Paz". No podía esperar a acabarlo para empezar a hablar de él. Era necesario hacerlo ya, aunque me queden casi tres cuartos por leer. Como ayuda. Como apoyo. Como motivación para seguir avanzando.

Lo primero es entrar en situación. Puede parecer extraño para alguien que no haya leído el libro, pero necesito definir los personajes a los que estoy siguiendo. Me atrevo a decir que es un importante fallo por parte del autor no diferenciar claramente (o al menos esa ha sido mi impresión), personajes como Andrei o Nikolai, que sumergidos en la guerra parecen reflejos de tantos otros que pululan por las páginas. Por si fuera poco, llamarles a veces por sus apellidos ayuda a una confusión todavía mayor... Así pues, una breve pincelada de los cuatro o cinco principales será clave para encarar este arduo camino que queda por delante.

Hay que empezar, pues no sólo se trata de mi personaje predilecto hasta el momento sino del más destacable, por Pierre Bezukov. Su presentación y su posterior ascensión a conde, heredero de una fantástica fortuna, está siendo de lo más interesante (siempre con el personaje de Anna Mijáilovna, una experta en tejer intrigas y mover los hilos para su beneficio de la que me gustaría saber más también). Su personalidad, que se entrevé muy distinta del absurdo formalismo de la nobleza, puede dar mucho juego. Ahora mismo ya están intentando casarle y todo. Veremos cómo evoluciona...

Luego está la princesa María (me ha extrañado y desconcertado la cantidad de príncipes que aparecen en tan poco espacio...). Aunque una pequeña búsqueda me ha revelado que su hermano el príncipe Andrei tendrá mucho más protagonismo, esta muchacha feúcha, de preciosos ojos y un inmenso fervor religioso también está emergiendo sobre la masa homogénea de personajes. Tanto su rutina diaria con su padre, como la aparición de un pretendiente y su desesperación intentando convertirse en quién no es para agradarle, me han hecho fijar los ojos también en ella. Mientras, su hermano, de cuya personalidad poco he sacado en claro, sigue buscando la gloria en la guerra, dejando a su mujer embarazada con su familia...


Finalmente, debo mencionar la familia Rostov. Durante demasiadas páginas este nombre ha significado un vacío absoluto para mí. Lo veía aparecer de tanto en tanto y no me decía absolutamente nada. ¿La situación actual? No muy distinta. Sé que Nikolai está en la guerra, pero poco más. Vagas escenas vienen a mi cabeza. Su familia recibiendo una carta suya en que les anuncia un ascenso, y que ha sido herido. La agitación que provoca en su madre. Luego una ocasión en que tuvo que llevar una carta al emperador (creo) de Austria sobre la victoria en una batalla. Y que no fue muy bien recibido. Pero, ¿quién es? ¿Qué le mueve?

Por no hablar que, aparentemente, Natasha, su hermana, es la que tendrá más protagonismo de la familia. No puedo juzgar. Ahora mismo sólo es un nombre para mí.

Por supuesto hay muchos otros personajes. Nombres que me hacen fruncir el ceño cada vez que aparecen. Y aunque soy de la opinión que esto jamás debería ocurrir en una novela (para muestra la deliciosa "Cien años de soledad", en la que ni por un instante me confundieron sus muchos personajse), esperemos a ver cómo evoluciona. Las bases están plantadas para algo grande. Quizá en pocas semanas me incline ante Tolstoi como lo hice en su momento con Márquez o Hugo...


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