Recorremos la noche de Baltimore una vez más. Irrumpimos tambaleantes en el primer antro que se cruza en nuestro camino. Voces por doquier. Una harmónica de fondo. Humo denso a través del cual nos abrimos paso hasta la barra. Lentamente nos dejamos mecer por una voz de cadencia suave, nos volvemos y contemplamos por primera vez a Bunk. Con su inseparable traje, la corbata algo suelta. Puro en una mano, whisky en la otra. Un extraño brillo en los ojos. Se inclina sobre la barra y charla con su compañero. Jimmy, le llama. Le escuchamos por encima del hombro. Murmuran incoherencias. Jalean de forma patética a una muchacha que baila entre (otros) borrachos a pocos metros. El tal Jimmy, un tipo blanco que quizá lleguemos a conocer algún día, se arrastra hacia un grupo de mujeres que le sonríen al verle llegar. Les muestra su placa. Bunk ríe desde la barra y se lleva el puro a la boca. Se vuelve hacia nosotros. Empieza a hablar. Nos dice que es detective. Homicidios. Y lo es. Lo es hasta la ...
I wish I could write you a melody so plain that would hold you dear lady from going insane...