Volvemos con gran placer a esa lejana y pegajosa barra donde conocimos a Bunk. Sabemos que será la última vez, no queremos creerlo. La música country sigue bañando el local, cánticos y gritos nos llegan amortiguados. Fijémonos ahora en ese otro tipo. Tan o más borracho que su compañero. Gruñendo en voz baja. Parece otro más. Un rostro anónimo que olvidaremos cuando se levante en pos de dos muchachas a las que ya ha echado el ojo. Pero no lo es. Ni mucho menos. Pues jamás podremos olvidar al grandísimo McNulty. Son impagables todos los momentos que hemos pasado a su lado. Todos. Los buenos y los malos. Sólo podemos agradecerle el habernos permitido ser su sombra. Nos detenemos, meditamos... Nos recordamos siguiéndole una noche a la salida de un bar como éste, (quizá la noche en que le explicó a Bunk por qué le respetaba, la noche en que empezamos a vislumbrar qué gran tipo teníamos delante...), viéndole estrellarse contra la columna de un tunel al doblar una curva, y, tozudo como él sol...
I wish I could write you a melody so plain that would hold you dear lady from going insane...