jueves, 4 de febrero de 2016

La vuelta de Expediente X

 
El pasado 24 de enero era un día marcado en rojo en mi agenda, y me consta que no soy el único. Volvía una de las mejores series de la historia, una de aquellas series icónicas que marcaron a una generación, que ha hecho correr ríos de tinta y seguirá haciéndolo mientras haya alguien que se siente frente al televisor esperando un desafío. Volvía Expediente X. Volvían Mulder y Scully.
 
La influencia de la serie en las producciones posteriores la sabemos todos. La influencia en cada uno de nosotros es, quizá, inabarcable. Las andanzas de los dos agentes del FBI en su quijotesca búsqueda de la verdad forman parte de una infancia en la que aprendimos que un héroe no es siempre quien triunfa, sino quien nunca se rinde. Que de hecho ése es el único y verdadero héroe. Mulder era ese caballero enfundado en su traje gris, ancho y desgarbado, un paria embargado en una búsqueda de la verdad que lo lleva a enfrentarse a todo y a todos, a hurgar en los rincones oscuros donde hay criaturas que la mayoría apenas nos atrevemos a imaginar.

Ha vuelto Expediente X. Ha vuelto en un mundo donde las conspiraciones están al orden del día, quizá demasiado, pues abarcan ya tantos frentes que han perdido seriedad. Afirmar que el gobierno u organismos en la sombra nos ocultan la verdad ya no es cosa de un lobo solitario, es un hecho tan demostrado que el loco sería quien afirmara lo contrario. Snowden, Wikileaks... ¿dónde quedan Mulder y su inseparable Scully en este tablero?

Encajarlos era el principal (y quizá único) desafío al que se enfrentaba Chris Carter. Encontrar el tono, definir una meta, y dejar que los personajes hicieran el resto. Los millones de fans que nos emocionamos con la mera mención del Fumador no necesitábamos más.

martes, 24 de noviembre de 2015

Voces de Chernobil

 
La noche del 26 de abril de 1986… En una noche nos trasladamos a otro lugar en la historia. Saltamos a una nueva realidad, fuera del alcance  no solo de nuestros conocimientos, sino también de nuestra imaginación
 
El premio Nobel a Svetlana Aleksiévich este año ha permitido descubrir recientemente esta autora bielorrusa a muchos despistados lectores (como un servidor) que quizá jamás se hubieran acercado a su obra de otra forma.
 
Voces de Chernóbil es un fascinante libro que recoge decenas de testimonios de personas afectadas por un suceso que, aún hoy, casi treinta años después, todavía permanece sumido en una densa niebla, sin duda porque las implicaciones y consecuencias de lo ocurrido van mucho más allá de lo que nuestra mente quiere aceptar.
 

martes, 3 de noviembre de 2015

Olvidado Rey Gudú, oda a la imaginación

 
En un país muy lejano, tan lejano que se encuentra en el último reducto de nuestra mente infantil, hay un reino donde todo es posible. Un lugar con altísimas murallas al que difícilmente se puede volver una vez se ha abandonado.
 
Allí dentro hay magia, hay hombres y mujeres fascinantes que se embargan en épicos viajes y en aventuras descabelladas a lomos de caballos magníficos, relucientes como el sol mismo, hay criaturas mitológicas cuyos nombres sólo recuerdas en sueños de los que despiertas con los ojos húmedos. Hay niños que nunca crecen y niños que no pueden amar, y brujas y hechiceros y todo parece tan delicado y maravilloso que podría derrumbarse con una sola palabra.
 
Ese reino tiene tantos nombres como personas puedan imaginarlo, y es tan grande y tan rico que harían falta siglos y más siglos para empezar a trazar sus mapas e intentar describirlo. Uno de esos nombres es Olar, y una de sus mayores historias, la de Gudú Rey, y sobre todo, la de su madre, la inolvidable reina Ardid.
 
Con gran emoción y una media sonrisa nostálgica recuerdo mi tiempo allí. Pasar las primeras páginas de la obra maestra de Ana María Matute, dar los primeros pasos por ese reino permanentemente en guerra, conocer al conde Olar, a sus hijos paticortos...
 

miércoles, 14 de octubre de 2015

The Affair, elegancia y sutileza

 
I was screaming into the canyon
 At the moment of my death.
The echo I created
Outlasted my last breath...
 
La serie más importante de la actualidad. Original, sutil y fascinante (más fascinante cuanto más sutil), The affair necesitó sólo una breve tanda de trece episodios para auparse a esa posición de privilegio con su primera temporada, a pesar de sus imperfecciones, de las decisiones equivocadas y de algún error de casting. El Globo de Oro a Mejor Serie Dramática confirmó lo muchos ya sabíamos. Esto es especial.
 
Lo que nos plantea la obra de Sarah Treem y Hagai Levi (este último responsable de la nunca suficientemente alabada In Treatment) es un juego delicioso de perspectivas, de narraciones fragmentadas según el punto de vista de los protagonistas, en el que vemos cómo nunca que lo que tantos años de consumir ficción nos ha hecho olvidar. Nadie percibe la realidad de la misma forma, y un mismo y cotidiano y quizá anodino día podría ser infinitamente diferente si lo narrara una persona u otra. Y quizá ninguna está siendo fiel en absoluto a la verdad. ¿Cuál es esta verdad, entonces, si nadie la ve? 
 
Eso es The Affair. No es una serie sobre una infidelidad, sobre un asesinato o sobre dos seres perdidos aferrándose el uno al otro como dos náufragos en mitad de una tempestad. O sobre las interminables o incontrolables consecuencias de cada minúscula acción. Eso es la trama. La grandeza de esta serie, lo que la hace especial, única, importante, es que muestra cómo ven el mundo dos (ahora cuatro, en su segunda temporada) personas. Y de rebote te hace plantearte cómo lo ves tú. Casi nada.
 

miércoles, 30 de septiembre de 2015

La edad de hierro


Sencillez y sutileza, un canto a la vida, a lo absurdo que resulta desperdiciarla en guerras y conflictos pero a la vez un reconocimiento triste y delicioso a todos aquellos que luchan, mueren, y malgastan lo más preciado que existe para que el mundo avance. Un necesario homenaje a todas las infancias truncadas y a la valentía y al arrojo y a la ignorancia de los que al final conocemos como trágicos héroes.

Una anciana blanca enfrentándose a sus últimos días en la Sudáfrica de los ochenta, aferrándose con uñas y dientes a cada momento fugaz, a cada instante de dolor como si fuera una joya de valor incalculable, atrapada en la soledad de su hogar mientras su país se desangra allí fuera. La lucha contra el apartheit impregnándolo todo. Niños soldados, generación perdida. Brutalidad policial. Miseria, pobreza, y la ridícula anestesia de los que, a pocos kilómetros, viven sus vidas en sus palacios de cristal.

Toda la novela estructurada como una metafórica botella  hacia su hija que vive en Estados Unidos, con un mensaje ambiguo, cambiante, pero tan poderoso que cuesta apartar la mirada...

sábado, 19 de septiembre de 2015

La chica del tren




Uno de los libros del año. Puro y sencillo suspense. Bestseller de manual, personajes curiosos pero arquetípicos y una historia con giros constantes que nos hacen pasar las páginas con las neuronas a medio gas. A duras penas literatura, pero entretenimiento más o menos honesto y sin pretensiones con una inmejorable campaña de marketing a sus espaldas. Es poco, pero McDonald's se ha convertido en un imperio con los mismos cimientos...

Quería algo ligero, y esto lo es. Libro de verano que con las primeras lluvias ya habrás olvidado, pero que devorarás en pocos días. Muy comparado con Perdida, no sin razón, esa obra que Fincher y Rosamund Pike impulsaron a lugares que por si sola jamás hubiera alcanzado. Realmente, La chica del tren guarda bastantes similitudes con ella. Premisa sencilla, pistas falsas y un misterio que se empieza a intuir demasiado pronto.

Pero queremos saber más. Quizá por su protagonista, el mejor personaje, de largo (¿el único?). Esa Rachel alcohólica, bebiendo en el tren hacia ninguna parte y envidiando vidas ajenas, patética, enviando mensajes desesperados a su ex, acosándolo y entrometiéndose, convertida en imposible detective de un caso que, aparentemente, nada tiene que ver con ella...

martes, 8 de septiembre de 2015

El arcoiris de la gravedad




Publicada en 1973, inclasificable, obscena, incomprensible, fascinante e inspiradora a partes iguales, El arcoíris de la gravedad, obra cumbre del misterioso y genial Thomas Pynchon, es una novela de la que se ha hablado largo y tendido a lo largo de los años.
 
Desde que el jurado del premio Pulitzer la rechazara, escandalizado, dejando sin embargo el premio desierto ese año en un gesto más que elocuente. Ganadora del prestigioso National Book Award, que Pynchon rechazó, enviando un payaso en su lugar. Siempre se habla del esquivo autor, de su controversia, de la prosa recargada y las metáforas imposibles, y sobre todo, de los pasajes de pederastia y coprofagia. Sí, has leído bien. Se habla de sus mil páginas, de los intentos frustrados de leerla, peregrinos desesperados siempre perdiéndose a mitad del camino.
 
Tras finalizar un tortuoso viaje a través de sus páginas del que he salido maravillado, deslumbrado y por qué negarlo, totalmente desorientado, creo que es necesario explicar por qué, a pesar de todo, se habla de una novela así. Por qué los lectores, década tras década, se ven atraídos por este faro literario sin parangón.