Dejándonos llevar por la corriente del embravecido río que es esta monumental obra, dejamos lentamente atrás la infancia del joven y enfermizo e hipersensible Proust, sus días en Combray, sus largos y solitarios paseos, para zambullirnos en el principio de su adolescencia . A la sombra de las muchachas en flor nos narra con el obsesivo detalle al que ya nos hemos acostumbrado, con ese estilo magnífico y casi excesivo que convierte en insulsas a la mayoría de novelas (cuesta imaginar un libro mejor escrito), el primer gran amor de Proust, Gilberta Swann, a la que ya conocíamos del primer volúmen . Pero como todo se acaba difuminando, e incluso las pasiones más fuertes pocas veces resisten el paso del tiempo y las casi siempre absurdas acciones humanas, al final (o eso parece) de esta relación le seguirán unos meses en el balneario de Balbec , donde conocerá a las muchachas en flor que anuncia el título. Tras el relativo fracaso del primer volumen, que Proust tuvo que publica...
I wish I could write you a melody so plain that would hold you dear lady from going insane...