jueves, 25 de agosto de 2011

True Blood, o el todo vale



Comentadas ya tres de las cuatro series que han vuelto este verano, llega el turno de la más absurda, excesiva, la más inclasificable, la más compleja de defender o incluso de analizar. El placer culpable de muchos. True Blood.

Algunos se preguntan qué hace Alan Ball derrochando su talento en esta serie. A decir verdad, me encuentro entre ellos la mayor parte del tiempo. Sin embargo, entrever de tanto en tanto muestras de su genialidad en alguna escena, en algún momento puntual, para mí bastan para seguir viéndola.

Ni siquiera intentaré defenderla. La mía ha sido una relación de amor y odio con True Blood durante sus primeras tres temporadas, y ahora con la cuarta está ocurriendo lo mismo. Me aburren tanto los amoríos (sobre todo Sookie) como me divierten las situaciones rocambolescas que se van formando con las criaturas que pululan por Bon Temps. Esta serie es así. A veces genial, a veces todo lo contrario.


Vampiros, hombres lobo, cambiaformas, ménades, hadas, brujas... Y tantas otras. Por no hablar de asesinos en serie, fanáticos religiosos... ¡Incluso un bebé demoníaco! Todos han tenido su minuto de gloria. A estas alturas, una de las gracias de la serie es preguntarte ¿y ahora qué? Lo mejor de todo es que cada vez consiguen sorprender, al menos a mí. Eso se lo concedo.

Hace mucho que la presencia de vampiros dejó de ser novedad (inicialmente parecían el centro de la serie... craso error). Y aunque creo que podría haberse desarrollado mejor su integración en la sociedad, los problemas que conlleva, etc, desde bien pronto se vio que la serie no se centraría en eso. A decir verdad, no se centraría en nada.


Esta cuarta temporada no parece distinta de las anteriores. Pasado ya el ecuador, no tengo ni la menor idea de qué ocurrirá en los capítulos siguientes. Y eso me gusta. Los capítulos se suceden e incluso la trama de la bruja me está gustando. Creo que hicieron bien en abandonar el tema hadas... hasta que lo retomen en cualquier momento, claro.

Además, las subtramas son interesantes. Vale la pena soportar a Sookie si a cambio tenemos otros personajes como Sam, Jason, Lafayette, Pam, Jessica (esta es mi gran debilidad) y una interminable lista de secundarios que aportan su granito.

True Blood no es, ni será jamás, una gran serie. No analizaremos su ritmo, su elaborada trama, sus grandes interpretaciones. Para eso, y mucho más, ya tenemos Breaking Bad. Cuando nos sentamos y empezamos a ver una de las mejores intros que jamás he visto, ya sabemos lo que nos espera. Excesos. Violencia y sexo gratuítos, y criaturas sobrenaturales y (pocos) humanos que intentan sobrevivir en un mundo sin el menor sentido. Nada más, y nada menos.

Así que mientras Alan Ball no se decida a regalarnos otra joya como Six Feet Under, al menos nos está ofreciendo un entretenimiento más que digno para aquellos días en los que no queremos más que desconectar, y entrar al Merlotte's a tomar un trago. De True Blood, por supuesto.



3 comentarios:

  1. A decir verdad esta es una de los mejores series de todos los tiempos. Me gusta porque trata un tema de actualidad como los vampiros, pero desde una perspectiva diferente ya que no es la típica historia romántica, sino que combina drama, acción y mucha mucha sensualidad. Les recomiendo a todos que no se pierdan ni un episodio de True Blood

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  2. Como dices lo mejor es que es lo opuesto a "la típica historia romántica". No diría que es una de las mejores series de todos los tiempos, pero es una de las que más me entretienen y divierten ahora mismo, que ya es mucho :)

    Un saludo!

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  3. Sin sentido para ti, con total y completo sentido para el mundo de los vampiros

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