viernes, 19 de agosto de 2011

La pausada genialidad de Breaking Bad


El silencio más desolador nos envuelve mientras caminamos por el desértico paisaje fronterizo, enfundados en el ya legendario sombrero negro, vistiéndonos con la piel de Heisenberg. No hay nada más. Nuestros pasos a duras penas se escuchan, engullidos por el vacío.

No hay futuro más allá del siguiente paso. Es avanzar o morir. Una vez tomamos este camino, una vez tomada esa decisión que lo cambia todo, ya no hay vuelta atrás. Es una huída hacia delante. Así es Breaking Bad.

Cuatro temporadas han pasado desde que conocimos a Walter White. Ese hombre ya no existe. De forma magistral se nos ha ido mostrando su evolución. Las pequeñas decisiones. Y las grandes. Cada paso. No hay precipitación alguna. No hay trampas.

Así, minutos después de ver la quinta entrega de esta cuarta temporada, recién llegado de las vacaciones, cansado, tengo que sentarme un momento y alabar como merece esta joya que tenemos el privilegio de disfrutar.



A veces pienso que es el tempo. Esa narración lenta, estirada hasta el extremo, casi exasperante. Esos silencios interminables mientras algún personaje realiza cualquier acción, cotidiana o no tanto. Sin duda es uno de los pilares definitorios de Breaking Bad. El cómo. Las tonalidades ocres, los planos fijos. Todo ayuda. Pero sería injusto reducirla a eso.

Un buen ejemplo sería el final de la temporada anterior, y el principio de ésta. Frenéticos, arrolladores fueron los dos últimos capítulos antes de la larga espera. Todos ansiábamos la vuelta de Walter y Jesse. Todos queríamos saber qué sucedería a continuación. Miles de teorías, miles de posibilidades se abrían en el horizonte.

Y al empezar el primer capítulo de la cuarta temporada, simplemente fluyó.


Un paso y otro paso. No hay saltos, no hay artificios. Lo sabremos todo. No hay prisas. La investigación policial sigue su curso (con un Hank mucho más relevante de lo que parecía que sería). La tensión aumenta para Walter, hasta extremos casi insostenibles, plenamente consciente de que sus días están contados si no hace algo dramático. Jesse ha perdido el rumbo, y ya se están aprovechando de ello. Todo fluye. Todo llegará. A su hora.



Así, después de la reciente noticia anunciando el fin de la serie tras su quinta temporada, hay que paladear aún más cada minuto que pasemos junto a Walter, Jesse, Hank, incluso Mike (de gran protagonismo en esta recta final... y por algunos detalles vistos le auguro aún más en un futuro cercano).

Disfrutemos. Del sol abrasador del desierto. De la lentitud que lo impregna todo. Del silencio.

De la historia de un hombre que perdió su camino.
Y que nos lleva a sus hombros en su terrible odisea desde hace años, tropezando, cayendo, levantándose. ¿Hacia dónde va? Quién sabe. Ni él mismo, en realidad. Por eso me apasiona Breaking Bad.


1 comentario:

  1. Como tú, acabo de ver el primer episodio de la cuarta, y como tú bien dices, todo fluye sin prisa pero sin pausa y tan absorbente y magnética como siempre.

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