martes, 29 de mayo de 2012

Lights Out, otra pequeña perla maldita


Será tan corta y fugaz esta reseña como lo fue una de las series más injustamente tratadas del 2011, que hace poco tuve la oportunidad de ver y disfrutar. De puntillas y sin demasiado bombo llegó y se fue esta notable (tampoco exageremos) producción centrada en el mundo del boxeo. 

Trece capítulos intensos, dramáticos, emocionantes, con un final bastante cerrado (y magnífico), para los escépticos de las series canceladas. ¿Vale la pena? Y tanto. Pactrick "Lights" Leary no será historia de la televisión, pero es de aquellos personajes que calan hondo, a los que acompañamos con emoción en su pedregoso camino.


Los tópicos están ahí. Boxeador retirado y hastiado que añora sus días de vino y rosas, ansioso por una oportunidad de recuperar un trono que le arrebataron, cinco años atrás, de forma más que dudosa, decisión polémica incluida. A su alrededor, la fauna habitual. Mujer preocupada por su salud, hijas adolescentes, niña ingeniosa, hermanos parásitos que dilapidan la fortuna del boxeador, entrenadores carismáticos, manager turbio... Para rematar, el clásico gimnasio visto mil veces antes. Todo eso sazonado con la sombra amenazante de la demencia pugilística.

¿Lo visto mil veces? Sí, y no. Como siempre, los detalles marcan la diferencia.

Primero, y sobre todo, el protagonista. Holt McCallany entra ya a formar parte de mis actores a seguir. Por su naturalidad, por su sencillez, por su voz, por su porte desgarbado. Porque al principio no lo veía como centro de la serie, de ninguna serie, pero poco a poco se impuso y me lo creí. Me creí que era Lights. Que era el campeón. Que siempre lo fue y lo será. Por muchos golpes. Por muchos contratiempos.


Después, por el enfoque. Me ha parecido todo un acierto desmitificar, en cierto modo, y humanizar, la figura del boxeador. Mostrarnos las consecuencias de una vida dedicada a dar y recibir golpes es la mayor baza de la serie, es la forma que tiene de hacernos sufrir con los personajes. Involucrarnos. Ver cómo acaban esos monstruos capaces de destrozarte de un golpe nos acerca a ellos. Mención especial para la aparición de un siempre solvente David Morse, cuyo Jerry "The Rainmaker" Raines aporte el toque de calidad (humana, sobre todo, al ver su enfermedad, su soledad...) que eleva la serie por encima de la media.

Enlazando con este último, hay que hablar, ahora siempre, de los secundarios. Qué sería de la televisión sin ellos.  Del cine. De la literatura. Rodeando al héroe y complementándolo. No me cansaré de repetirlo. Aquí hay de todo tipo. Podría hablar de los hermanos de Lights, de su esposa, de su padre. Todos están perfectamente dibujados. Del villano de la serie, el magnate del boxeo Barry K.Word (más odioso en cada nueva aparición...). De muchos otros. Pero sólo hablaré de uno.


Ed Romeo. Qué sería del boxeo en el cine (y ahora en la televisión también) sin el sabio entrenador curtido en mil batallas. La figura imponente de voz profunda que provoca el salto de calidad del aspirante. Ed lo exige todo, pero también lo da todo. Su breve participación en la serie confirmó lo que ya venía intuyendo. Esa cancelación fue más que injusta.

Demos gracias, al menos, de que tuvieron tiempo de preparar el mejor final posible. Es una película de trece episodios, nada más. Con su principio y su final. Con sus grandes virtudes y sus grandes defectos. Pues los tiene. Le cuesta arrancar, le sobran algunos personajes. Pero los que la hemos visto nos alegramos de haberlo hecho, y siempre recordaremos con cariño la última batalla de Patrick "Lights".


2 comentarios:

  1. Serie muy aconsejable, grandes actores e historia bien escrita. Final demoledor. Y se aproxima bastante a lo que puede ser el mundo del boxeo y la vida de un excampeón, mucho mejor que la fantasmada de Rocky y precuelas

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  2. Precisamente la llevo por la mitad y me está encantando.

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