miércoles, 6 de febrero de 2013

The Good Wife, la buena serie


Hablar de series hoy en día es tan sencillo como superfluo y ventajista, en la mayoría de los casos. Alabar Breaking Bad, Mad Men, Boardwalk Empire o Treme, maravillarnos por las perlas inglesas (ojo al inminente estreno de la segunda de Black Mirror), es el equivalente contemporáneo a los que en el siglo XVIII te decían, tienes que escuchar a ese tipo, sí, ya verás, ese tal Mozart...

Para las Grandes series, la cosa es tan sencilla como decir esto. Deja de leer, descarga los primeros cinco capítulos y míralos. Si no te ha enganchado, cosa bastante probable, dale algunos más. Luego vuelves, me das las gracias y me creo que este blog sirve para algo.

Pero volviendo al ejemplo de Mozart, no todos los compositores son él. Otros se esfuerzan tanto o más en crear melodías deliciosas que pocas veces llegarán a nuestros oídos, o si llegan, será de pasada y ni por un casual se nos quedará su nombre. Diremos, "esto suena bien", pero pasaremos a otra cosa. La eterna maldición de lo bueno, en comparación con lo genial. La maldición del segundo.

The Good Wife es así. Es una buena serie, incluso diría que magnífica por momentos. No pasará a la historia, nadie dirá de sus creadores que son los nuevos Shakespeare o Dickens. No se escribirán libros sobre ella ni se estudiará en las universidades. Pero a día de hoy, si han emitido un nuevo capítulo de esta serie, es el primero que veo. Sí, todas las grandes están de parón. Así que ha llegado el momento de hablar de la mejor de la otra liga.


Cada vez que me pongo con un capítulo de esta serie sé que tendré delante una historia magníficamente escrita, con grandes personajes y la dosis de humor justa para dejarme con una sonrisa casi siempre. No falla. Hay capítulos más o menos interesantes (dependiendo del caso), pero no podría decir que hay uno malo. Ni uno. ¿Se le puede pedir más a una serie? Claro que sí, muchísimo más. Complejidad. Personajes con los que te identifiques, actuaciones memorables... Pero series como esta deben existir. Series como esta hacen posible que luego le des una oportunidad a The Wire.

Qué tenemos delante. Veamos.


Un procedimental sobre abogados. Eso es. Engañarnos sería inútil, aunque luego le añadamos matices. Eso es, y siempre será. Alicia Florrick, ama de casa ve como su vida se tambalea al ser acusado su esposo, fiscal del distrito, de corrupción, por no hablar de ciertos vídeos con prostitutas que rematan el pastel. Ergo, debe retomar su antiguo trabajo como abogada. Y así se sucede, capítulo tras capítulo, un caso distinto. Presentación, nudo y desenlace. Todos felices, o no, pero se acabó antes del fundido a negro. Sin embargo, no es otra serie de abogados, ni mucho menos. Estamos, sin lugar a dudas, ante uno de los mejores procedimentales de la historia, y desde luego, el modelo a seguir. Los detalles, que lo son todo.

Si por algo se caracteriza The Good Wife, si tuviera que destacar una sola cosa, sería el inmenso respeto que tienen sus guionistas por el espectador

Enmarcados en casos de rabiosa actualidad, hay pequeños momentos, guiños, miradas, silencios, que te meten en la historia, te hacen parte de ella, te involucra y hace que quieras saberlo todo de los tejemanejes de Lockhart&Gardner. Eres uno más, observándolo todo, incluso por encima de unos Will y Diane que mueven los hilos, pero que no son sino un peón más. Conoces sus secretos, los de todos, secretos que quizá ocupan un minuto del capítulo, pero que marcan la diferencia. Sin ellos, esta serie sí sería una más. 

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Aunque todos esos silencios, todas esas frases a medias, esas miradas, nada serían sin la clave de la serie.  Es la clave de cualquier serie. Buena, claro. Como esta.

Los secundarios.

Sí, Alicia Florrick es un buen personaje. Bien definido, con carisma, y de hecho, su evolución es una de las claves de la serie. Cómo madura, gana en confianza, y se asienta en el bufete a base de trabajo y perseverancia, es una gran trama. Su independencia, y la evolución de su relación con su esposo, dan para una serie.

Pero lo que la hace distinta, genial incluso, es la construcción de un pequeño submundo en esos juzgados de Chicago. Una constelación de personajes carismáticos que gravitan alrededor de nuestros protagonistas. Ver a los mismos abogados y jueces aparecer periódicamente muchos capítulos más tarde, conocer sus personalidades, sus manías (in my opinion...), empatizar con algunos, odiar a otros. Ese juego delicioso es la verdadera salsa de la serie. 


The Good Wife, a ese respecto, se ha convertido en la referencia. Hay tantos secundarios que casi se han adueñado de la historia, de hecho cada vez más se elevan por encima de la trama central. Esto se está viendo claramente en la cuarta temporada, actualmente en emisión, cuando la historia de Peter y Alicia se reduce a unos pocos minutos por episodio, dejando lugar a tramas centradas en los secundarios.

Cada aparición de Michael J. Fox (sí, ese Michael J. Fox) con su Louis Canning es garantía de un capítulo espléndido, y los guionistas lo saben y lo están potenciando. Por no hablar de Martha Plimpton (aunque la prefiero en la infravalorada Raising Hope), Carrie Preston (quizá mi preferida, también magnificamente rescatada en uno de los últimos capítulos), Amanda Peet, Matthew Perry (¿por qué no saldrá más?)... Me dejo decenas.


Ha llegado a un punto en que estos secundarios, o terciarios, o apariciones estelares, han tapado al que durante las primeras temporadas fue uno de los mejores aportes de la serie, su toque diferencial.

No hablo de Kalinda, la infalible investigadora con sus características botas, personaje con gran potencial pero que, por decisiones erróneas de guión (todo lo relacionado con su marido) está quedándose en un segundo plano. Perdida su magia, su misterio. No hablo de ella. Pero aún así no me privaré de recordar esta escena. Aquí, Kalinda era grande.


Por supuesto, el secundario del que hablo no podía ser otro que Eli Gold. Sí, olvidemos la escena anterior, aunque no sea fácil. Alan Cumming (recomendable seguirle en Twitter si sólo lo habéis visto en The Good Wife) ha compuesto un soberbio personaje, un asesor político sin escrúpulos, perfectamente conocedor del mundillo, que acompañará a Peter Florrick en su resurrección. 

Es el típico secundario robaescenas. Como tantos en The Good Wife, pero aún más. La estrella absoluta de la serie en la segunda temporada. Caso parecido al otro Gold del mundo seriéfilo, nuestro siempre añorado Ari Gold de Entourage.


Luego están los líos del bufete. Will y Diane, socios. Cary, la competencia de Alicia desde el primer día. Hay tantas pequeñas historias. Todas entrelazadas, perfectamente mantenidas. Tantas que a veces parece que la serie pierda consistencia. Que no se sepa adónde va. Sin embargo, es la gracia de la serie, no se puede resumir en una frase, ni en una párrafo. Es la vida de Alicia Florrick. Cada detalle, cada pequeña victoria y cada derrota. Cada persona que se cruza con ella. Amigos, colegas, rivales, tipos que ve un día y luego se encuentra meses después. Todo eso y mucho más.

Después de este pequeño análisis, me doy cuenta de lo buena que es The Good Wife. He leído demasiadas veces que se trata del mejor drama en abierto. Tonterías. Es una de las mejores series, tal cual. Es una serie para ver y disfrutar. Hacedlo. Luego venís y me dais las gracias. Y me creeré que toda esta parrafada ha servido para algo. 






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