Hablar de series hoy en día es tan sencillo como superfluo y ventajista, en la mayoría de los casos. Alabar Breaking Bad, Mad Men, Boardwalk Empire o Treme, maravillarnos por las perlas inglesas (ojo al inminente estreno de la segunda de Black Mirror), es el equivalente contemporáneo a los que en el siglo XVIII te decían, tienes que escuchar a ese tipo, sí, ya verás, ese tal Mozart...
Pero volviendo al ejemplo de Mozart, no todos los compositores son él. Otros se esfuerzan tanto o más en crear melodías deliciosas que pocas veces llegarán a nuestros oídos, o si llegan, será de pasada y ni por un casual se nos quedará su nombre. Diremos, "esto suena bien", pero pasaremos a otra cosa. La eterna maldición de lo bueno, en comparación con lo genial. La maldición del segundo.
The Good Wife es así. Es una buena serie, incluso diría que magnífica por momentos. No pasará a la historia, nadie dirá de sus creadores que son los nuevos Shakespeare o Dickens. No se escribirán libros sobre ella ni se estudiará en las universidades. Pero a día de hoy, si han emitido un nuevo capítulo de esta serie, es el primero que veo. Sí, todas las grandes están de parón. Así que ha llegado el momento de hablar de la mejor de la otra liga.
