Ir al contenido principal

Fringe. El precio de ser original


La semana pasada llegó a su fin en Estados Unidos la irregular tercera temporada de Fringe, oscilando sin aparente control entre capítulos magistrales y otros (demasiados) simplemente olvidables. Hija bastarda de Lost y de Expediente X, nunca tendrá su repercusión, o su influencia en futuras series.

Sin embargo, me he visto obligado a escribir sobre ella al darme cuenta, después de ese último capítulo, extraño, decepcionante en algún momento y luego fascinante cuando menos te lo esperas, del gran mérito que tiene crear algo así. De lo necesario que es.

Fringe tiene muchísimas referencias, sí. Pero sus creadores las han utilizado para gestar un ser nuevo y maravilloso, que va tomando vida propia a medida que avanzan los capítulos. Y lo mejor de todo, no dejan de sorprendernos. Es todo lo que buscan. Sorprender y enganchar. Ser originales. Sacar trucos de la manga cuando menos lo esperamos. Lo que sea. Darnos mil detalles que analizar, o dar una vuelta sobre sí mismos y dejarnos descolocados. Igual que Lost, reniega de la perfección por querer ir más allá. Más allá de lo real. De lo lógico. De lo posible.



Muchos han renegado de esa serie por culpa de su final, cuando todos estábamos locos por ver el siguiente capítulo semana a semana. Porque no sabíamos qué iba a pasar. Porque podía pasar cualquier cosa. Y después de ver el último capítulo de Fringe, me quedé embobado. Recordando. Recordando esos lejanos días. Y agradeciendo que todavía haya una serie así.

Y es que es muy difícil innovar. Innovar de verdad. Y analizando el recorrido de Fringe, su crecimiento, su madurez, y los grandes momentos que nos ha dejado, no puedo sino quitarme el sombrero. Esto no es The Wire, esto no es Six Feet Under, ni Los Soprano. No. Esto es creatividad en estado puro. Con todas sus imperfecciones. Una creatividad que se basa en la copia. Claro que sí, como debe ser. De Alias, de Lost, de Expediente X. De donde sea. De los cómics, de cualquier sitio.

Lo único importante, para mí, es que han creado una trama más que interesante y diría, desde mi ignorancia, tremendamente original (universos paralelos, la historia de Peter). Han desarrollado los personajes de Walter y sobre todo Olivia (genial el concepto de sus dos versiones) hasta extremos inimaginables hace tres años. Nos han regalado maravillas como White Tulip, o el season finale de la segunda temporada, increíble. Incluso se permiten un guiño tras otro con apariciones como las de Bubbles o Hurley.


Qué más queremos. Se han excedido, quizá, con la máquina de la tercera temporada. Es discutible. En realidad no me lo parece. Me parece que la serie necesitaba un crescendo, y eso ha tenido. ¿Tiene algún sentido el final? Claro que sí. Múltiples detalles nos hacen creerlo. Y esos observadores, al final, me dan toda la confianza.

Quizá peque del mismo optimismo que me hizo frustrarme con el final de Lost. Pero creo que no. Pues ahora he comprendido la grandeza de ambas series. Es tan simple como conseguir que pienses lo siguiente mientras lo ves:

Esto es absurdo o increíble. O quizá ambas. Pero quiero saber más. Necesito saber más.

Y por eso se merece mi pequeño homenaje.


Comentarios

  1. Buena entrada. Me han entrado ganas de retomar la serie. Un saludo!

    ResponderEliminar
  2. Me gustan mucho este tipo de series precisamente porque son impredecibles y muy imaginativas. Yo voy por el 3x08 y estoy encantadísimo. Ya me preocuparé luego de bajones y demás, de momento toca disfrutar, y vaya si lo hago.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Tan poca vida

Novela imperfecta como un caudal descontrolado que arrastra a su paso ramas, escombros y a todo aquel que se cruce en su camino, con exceso de páginas, de sufrimiento, de personajes y de todo aquello que una gran y ambiciosa obra debe tener. Hanya Yanagihara (Los Ángeles, 1975) empezó a escribir una historia sobre cuatro amigos en Nueva York , sobre cómo evoluciona su relación a lo largo de los años, y finalmente consiguió todo lo que quería y mucho más. Cómo me gustan las historias que avanzan por caminos que inicialmente parecían claros, y que se tuercen, crecen y acaban siendo algo completamente distinto.  Jude, Willem, JB y Malcolm. Difícil olvidarlos si has recorrido las casi 1.000 páginas de este portentoso, extremadamente cruel y extremadamente bello libro. Antes de entrar al detalle sólo recuperaré las palabras con las que se suele promocionar Tan poca vida .  "La novela que hay que leer. Para descubrir... Qué dicen y qué callan los hombres" Eso ...

El arcoiris de la gravedad

 Publicada en 1973, inclasificable, obscena, incomprensible, fascinante e inspiradora a partes iguales, El arcoíris de la gravedad , obra cumbre del misterioso y genial Thomas Pynchon, es una novela de la que se ha hablado largo y tendido a lo largo de los años.   Desde que el jurado del premio Pulitzer la rechazara, escandalizado, dejando sin embargo el premio desierto ese año en un gesto más que elocuente. Ganadora del prestigioso National Book Award , que Pynchon rechazó, enviando un payaso en su lugar. Siempre se habla del esquivo autor, de su controversia, de la prosa recargada y las metáforas imposibles, y sobre todo , de los pasajes de pederastia y coprofagia. Sí, has leído bien. Se habla de sus mil páginas, de los intentos frustrados de leerla, peregrinos desesperados siempre perdiéndose a mitad del camino.   Tras finalizar un tortuoso viaje a través de sus páginas del que he salido maravillado, deslumbrado y por qué negarlo, totalm...

James "Jimmy" McNulty

Volvemos con gran placer a esa lejana y pegajosa barra donde conocimos a Bunk. Sabemos que será la última vez, no queremos creerlo. La música country sigue bañando el local, cánticos y gritos nos llegan amortiguados. Fijémonos ahora en ese otro tipo. Tan o más borracho que su compañero. Gruñendo en voz baja. Parece otro más. Un rostro anónimo que olvidaremos cuando se levante en pos de dos muchachas a las que ya ha echado el ojo. Pero no lo es. Ni mucho menos. Pues jamás podremos olvidar al grandísimo McNulty. Son impagables todos los momentos que hemos pasado a su lado. Todos. Los buenos y los malos. Sólo podemos agradecerle el habernos permitido ser su sombra. Nos detenemos, meditamos... Nos recordamos siguiéndole una noche a la salida de un bar como éste, (quizá la noche en que le explicó a Bunk por qué le respetaba, la noche en que empezamos a vislumbrar qué gran tipo teníamos delante...), viéndole estrellarse contra la columna de un tunel al doblar una curva, y, tozudo como él sol...