
¿Por qué? Las razones son muy sencillas. Mad Men y Breaking Bad. Una cadena con esas series, con el sello de calidad que representan (aunque sigo pensando que están un escalón por debajo de la magia de HBO), no necesita siquiera explicar su siguiente proyecto para que éste se alce en el podio de los más esperados.
Ya pasó con la decepcionante The Walking Dead, y ahora ha vuelto a pasar. Misma realización, misma perfección formal, pero falta algo.
La serie de zombies, dirigida a una audiencia mayor, alcanzó un gran éxito, a pesar de su mediocridad a partir del segundo capítulo. Y en este caso, The Killing (y me duele decirlo) no es más que un telefilm de Antena3, de los de la sobremesa del sábado. Con buenos actores, buena fotografía, pero nada más. Y pensar que en algún momento se mencionó Twin Peaks al hablar de este proyecto...

E incluso los actores me parecen flojos. Lo cierto es que en The Walking Dead ya hubo fallos de casting que lastraron la serie, y aquí se confirma la tendencia. Estos dos personajes de la fotografía no pueden sostener una serie, y los secundarios son flojos tirando a malos. Incluso una de las actrices consolidadas, Michelle Forbes (vista en la fascinante In Treatment entre otras), me deprime cada vez que aparece en pantalla.
Quizá ese es el problema. La serie es deprimente. Demasiado. Sí, hay un asesinato. Sí, la familia ha sufrido una pérdida terrible. Pero es morboso e innecesario regodearse en ese dolor, sin motivo alguno. Además, si la investigación policial el punto de interés para mantenerse enganchado, la cosa pierde fuelle. Y así pasó en el tercer capítulo, y por eso me he puesto a escribir. Los dos primeros eran de presentación (lástima que no presentaran a un solo personaje interesante), pero ahora ya no hay marcha atrás.
Descubriremos (o no) quién mató a Rosie Larsen, pero espero que para entonces me importe algo más.
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