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Damages se condena al olvido

  El final de una serie es un momento crítico. Todo lo anterior queda en suspenso, todo será juzgado de nuevo en relación con los últimos minutos, por muchas temporadas que arrastre a las espaldas, por muchos grandes momentos que nos haya dado. Los ejemplos son muchos y variados. El más obvio, el de Lost, que consiguió hundir la serie hasta el punto de que pocos son los que la recomiendan a día de hoy. El caso inverso, Six Feet Under, que elevó la creación de Alan Ball hasta cotas de genialidad jamás alcanzadas en el panorama televisivo. Esta semana pudimos disfrutar del esperado final de Damages , una serie a estas alturas bastante minoritaria (con bastante razón muchos la han abandonado), pero con suficiente interés, sobre todo por sus protagonistas, como para mantenernos a unos pocos enganchados y expectantes hastas el último minuto. Y quizá ese es el problema. Que siempre esperé más de lo que Damages dio . Siempre pensé que detrás de los engaños, de las triquiñuelas de...

A la sombra de las muchachas en flor

Dejándonos llevar por la corriente del embravecido río que es esta monumental obra, dejamos lentamente atrás la infancia del joven y enfermizo e hipersensible Proust, sus días en Combray, sus largos y solitarios paseos, para zambullirnos en el principio de su adolescencia . A la sombra de las muchachas en flor nos narra con el obsesivo detalle al que ya nos hemos acostumbrado, con ese estilo magnífico y casi excesivo que convierte en insulsas a la mayoría de novelas (cuesta imaginar un libro mejor escrito), el primer gran amor de Proust, Gilberta Swann, a la que ya conocíamos del primer volúmen . Pero como todo se acaba difuminando, e incluso las pasiones más fuertes pocas veces resisten el paso del tiempo y las casi siempre absurdas acciones humanas, al final (o eso parece) de esta relación le seguirán unos meses en el balneario de Balbec , donde conocerá a las muchachas en flor que anuncia el título. Tras el relativo fracaso del primer volumen, que Proust tuvo que publica...

Breaking Bad, lista para sentencia

  Perfilándose en el horizonte vemos su silueta. Le reconocemos al momento, caminando solitario en un desierto de colores saturados, oculto bajo su sombrero negro. Es Heisenberg . La leyenda de la polvorienta franja fronteriza, como si acabara de surgir de un suavizado libro de Cormac McCarthy. Es Breaking Bad, que se acerca, que se impone, un verano más, y nos regala, esta vez, en su quinta temporda, ocho capítulos sin desperdicio alguno, primera parte del fin de una historia de la que ya no podemos despegar la mirada, ni aunque quisiéramos. La evolución de ese personaje magnífico que es Walter White, historia viva de la televisión , ha alcanzado su cénit. El camino se ha completado y aquel lejano profesor de química ya ha llegado tan lejos como alguna vez pudo soñar, en la época en que preparaba su Blue Meth en la caravana junto a su alumno Jesse. Él y la serie han cambiado tanto que ya casi no son reconocibles. Sin embargo, y a pesar de que a estas alturas el av...

Mi agosto en series

  Sí, aunque parezca increíble, además de las horas que llevo invertidas en busca del tiempo perdido , que no son pocas, y las que quedan, además de la playa, del calor insoportable y para rematar de tener que trabajar este agosto, no podía faltar la ración anual de series veraniegas. Este año la elección ha sido sencilla, y he tirado por tres clásicos de la televisión ya prácticamente en su recta final, más o menos inmediata. Series que quería ver sí o sí, aunque fuera un lunes a las doce de la noche teniendo que madrugar al día siguiente. Hay series así. Curiosamente, las tres encaran su quinta temporada . Antes de presentarlas, decir que ninguna de las tres me ha decepcionado, todas me han alegrado un mes más árido de lo habitual. Magníficas, más que recomendables pues, para quien todavía las tenga en el cajón. ¿Cuáles serán? Veamos...

Por el camino de Swann

Viajes literarios como el que nos ocupa son difíciles de emprender en estos días ajetreados y de lectura rápida y frugal, de párrafos sueltos en blogs aleatorios y ojeadas rápidas a titulares que olvidamos minutos después. La época de Proust quedó atrás hace mucho, y sin embargo, a pesar del bombardeo constante de imágenes, no hay serie o película comparable (no, ni siquiera The Wire o Six Feet Under) al placer que uno experimenta al toparse con la gran literatura. Con esa que se adentra sin miedo en rincones del alma humana en los que sólo ella (y quizá la música) se atreven a adentrarse. Por el camino de Swann es nuestra toma de contacto con ese Proust niño que descubre el mundo asombrado y ligeramente asustado, pero siempre fascinado y ávido de aprender, de descubrir, de empaparse de los estímulos que lo rodean.   Dividido en tres partes claramente diferenciadas , corresponde la primera a la más tierna infancia, al amor desesperado hacia su madre, a la rutina de ...

En busca del tiempo perdido

Un largo siglo ha pasado desde el lejano día en que un Marcel Proust enfermizo, hundido tras la muerte de sus padres, encerrado en una habitación con las paredes de corcho, volviera la vista atrás y escribiera las primeras líneas de la que a la postre sería su obra cumbre, y por ende, una de las más colosales de la historia de la literatura. Un largo y tumultuoso siglo nos separa de ese 1913 en que vio la luz la primera parte de En busca del tiempo perdido , un viaje fascinante por la naturaleza humana, por cada recodo del alma, por cada minúscula emoción o sentimiento. Y  a pesar de ese interminable siglo que ya hace años dejamos atrás, en el que tanto ha cambiado el mundo, para bien o para mal, quién puede juzgarlo, aprovechamos el calor estival, avanzamos entre la maleza que cruje bajo nuestro pies, nos deleitamos con el olor de las mil flores que nos rodean, cerramos los ojos y notamos el tacto rugoso del libro que llevamos en las manos, y cuando llegamos al rin...

Studio 60, fugaz destello de genialidad

  El metalenguaje en el mundo de la televisión, esto es, el regodeo de los propios guionistas, productores, actores, directores, en lo fascinantes que son sus vidas, nos ha dado muchos y en ocasiones memorables productos, como la ya decadente 30 Rock, en sus momento poseedora de los mejores guiones de comedia en años. Y si alguien sabe de metalenguaje, y de lenguaje, y de colocar palabras y metáforas y discursos grandilocuentes en boca de personajes que nos tienen enganchados mientras nos hacen sentir pequeños y aburridos a la vez que envidiamos sus vidas trepidantes y desbordantes de ingenio, es el maestro de los diálogos, Aaron Sorkin . Incluso la situación más anodina puede adquirir una épica digna del mismísimo Nolan si le dejas a este guionista, showrunner, genio, o como se le quiera llamar, poner sus frases en boca de los personajes que hasta entonces dormitaban por la pantalla. Cualquiera que haya visto Moneyball o La Red Social (firma el guión de ambas) s...