miércoles, 14 de octubre de 2015

The Affair, elegancia y sutileza

 
I was screaming into the canyon
 At the moment of my death.
The echo I created
Outlasted my last breath...
 
La serie más importante de la actualidad. Original, sutil y fascinante (más fascinante cuanto más sutil), The affair necesitó sólo una breve tanda de trece episodios para auparse a esa posición de privilegio con su primera temporada, a pesar de sus imperfecciones, de las decisiones equivocadas y de algún error de casting. El Globo de Oro a Mejor Serie Dramática confirmó lo muchos ya sabíamos. Esto es especial.
 
Lo que nos plantea la obra de Sarah Treem y Hagai Levi (este último responsable de la nunca suficientemente alabada In Treatment) es un juego delicioso de perspectivas, de narraciones fragmentadas según el punto de vista de los protagonistas, en el que vemos cómo nunca que lo que tantos años de consumir ficción nos ha hecho olvidar. Nadie percibe la realidad de la misma forma, y un mismo y cotidiano y quizá anodino día podría ser infinitamente diferente si lo narrara una persona u otra. Y quizá ninguna está siendo fiel en absoluto a la verdad. ¿Cuál es esta verdad, entonces, si nadie la ve? 
 
Eso es The Affair. No es una serie sobre una infidelidad, sobre un asesinato o sobre dos seres perdidos aferrándose el uno al otro como dos náufragos en mitad de una tempestad. O sobre las interminables o incontrolables consecuencias de cada minúscula acción. Eso es la trama. La grandeza de esta serie, lo que la hace especial, única, importante, es que muestra cómo ven el mundo dos (ahora cuatro, en su segunda temporada) personas. Y de rebote te hace plantearte cómo lo ves tú. Casi nada.