miércoles, 30 de septiembre de 2015

La edad de hierro


Sencillez y sutileza, un canto a la vida, a lo absurdo que resulta desperdiciarla en guerras y conflictos pero a la vez un reconocimiento triste y delicioso a todos aquellos que luchan, mueren, y malgastan lo más preciado que existe para que el mundo avance. Un necesario homenaje a todas las infancias truncadas y a la valentía y al arrojo y a la ignorancia de los que al final conocemos como trágicos héroes.

Una anciana blanca enfrentándose a sus últimos días en la Sudáfrica de los ochenta, aferrándose con uñas y dientes a cada momento fugaz, a cada instante de dolor como si fuera una joya de valor incalculable, atrapada en la soledad de su hogar mientras su país se desangra allí fuera. La lucha contra el apartheit impregnándolo todo. Niños soldados, generación perdida. Brutalidad policial. Miseria, pobreza, y la ridícula anestesia de los que, a pocos kilómetros, viven sus vidas en sus palacios de cristal.

Toda la novela estructurada como una metafórica botella  hacia su hija que vive en Estados Unidos, con un mensaje ambiguo, cambiante, pero tan poderoso que cuesta apartar la mirada...

sábado, 19 de septiembre de 2015

La chica del tren




Uno de los libros del año. Puro y sencillo suspense. Bestseller de manual, personajes curiosos pero arquetípicos y una historia con giros constantes que nos hacen pasar las páginas con las neuronas a medio gas. A duras penas literatura, pero entretenimiento más o menos honesto y sin pretensiones con una inmejorable campaña de marketing a sus espaldas. Es poco, pero McDonald's se ha convertido en un imperio con los mismos cimientos...

Quería algo ligero, y esto lo es. Libro de verano que con las primeras lluvias ya habrás olvidado, pero que devorarás en pocos días. Muy comparado con Perdida, no sin razón, esa obra que Fincher y Rosamund Pike impulsaron a lugares que por si sola jamás hubiera alcanzado. Realmente, La chica del tren guarda bastantes similitudes con ella. Premisa sencilla, pistas falsas y un misterio que se empieza a intuir demasiado pronto.

Pero queremos saber más. Quizá por su protagonista, el mejor personaje, de largo (¿el único?). Esa Rachel alcohólica, bebiendo en el tren hacia ninguna parte y envidiando vidas ajenas, patética, enviando mensajes desesperados a su ex, acosándolo y entrometiéndose, convertida en imposible detective de un caso que, aparentemente, nada tiene que ver con ella...

martes, 8 de septiembre de 2015

El arcoiris de la gravedad




Publicada en 1973, inclasificable, obscena, incomprensible, fascinante e inspiradora a partes iguales, El arcoíris de la gravedad, obra cumbre del misterioso y genial Thomas Pynchon, es una novela de la que se ha hablado largo y tendido a lo largo de los años.
 
Desde que el jurado del premio Pulitzer la rechazara, escandalizado, dejando sin embargo el premio desierto ese año en un gesto más que elocuente. Ganadora del prestigioso National Book Award, que Pynchon rechazó, enviando un payaso en su lugar. Siempre se habla del esquivo autor, de su controversia, de la prosa recargada y las metáforas imposibles, y sobre todo, de los pasajes de pederastia y coprofagia. Sí, has leído bien. Se habla de sus mil páginas, de los intentos frustrados de leerla, peregrinos desesperados siempre perdiéndose a mitad del camino.
 
Tras finalizar un tortuoso viaje a través de sus páginas del que he salido maravillado, deslumbrado y por qué negarlo, totalmente desorientado, creo que es necesario explicar por qué, a pesar de todo, se habla de una novela así. Por qué los lectores, década tras década, se ven atraídos por este faro literario sin parangón.