jueves, 22 de noviembre de 2012

Dexter se arrastra hacia su inevitable final


El pasado octubre llegó a nuestras pequeñas pantallas la esperadísima séptima temporada de Dexter. Largos años acompañando a su oscuro pasajero en la odisea vital que parecía llegar a su culminación con la última escena del año pasado, a estas alturas ya hemos visto de todo. Lo mejor (Trinity), y lo peor (Miguel Prado). La escasa valentía de los guionistas no daba demasiadas esperanzas, demostrando que si una vez se atrevieron a dar un paso adelante, eran capaces de recular lo necesario para mantener la fórmula. Así pues, sólo quedaba una cosa por ver.

Y llegó ese momento clave. Lo esperábamos con ansias. Había mil teorías sobre cómo se produciría, sobre sus repercusiones. Todo debía cambiar, los pilares de una vida cimentada en una sangrienta mentira debían no tambalearse, sino desmoronarse por completo aplastando a todos bajo su peso. Una espiral que nos llevara en volandas hacia un final apoteósico (todo espectador tiene en mente uno).

¿Es eso lo que nos hemos encontrado en los primeros capítulos de esta penúltima entrega de la serie? ¿Ha dado paso esa crucial escena en la iglesia a la grandiosa y catártica temporada que llevábamos un año esperando? Ojalá….

lunes, 12 de noviembre de 2012

American Horror Story, terror y excesos sin fin



En el panorama seriéfilo actual, encontrar algo nuevo siempre llama la atención. Porque todo parece lo mismo. Una nueva comedia. Un nuevo drama de época. Un policiaco más. Y sin embargo, a veces nos sorprenden. Eso ocurrió el octubre pasado, cuando llegó a nuestras pantallas la primera temporada de la que sería una de las series revelaciones del año: American Horror Story.

Por qué era nueva. Simplemente por el género. Terror. Sin concesiones. Terror puro y duro.

Es este un género curioso, tan fascinante como en apariencia desaprovechado, con pocas obras maestras absolutas y muchos intentos, más o menos exitosos, de abordar esas sombras, esos murmullos, ese movimiento furtivo que despierta la parte más primitiva y más fértil de nuestra imaginación.

Hijo de la literatura, que nunca ha podido, o querido, adentrarse en terror más puro (Poe, Lovecraft, incluso King, por no hablar de los Stoker o Shelley, siempre tienen matices, siempre es algo más, ya sea metáfora de la naturaleza humana, aventura, ciencia ficción…), el cine lleva más de un siglo intentando activar esa parte de nuestro cerebro, provocando el escalofrío o directamente haciéndonos saltar de la butaca. Al fin y al cabo su naturaleza visual y auditiva le permite prescindir del componente en el que se sustenta la literatura, y el arte en general: la imaginación. Sin él, el espectador está indefenso.